Pablo Gerbolés expone los puntos fuertes y débiles del movimiento vecinal en las jornadas Asoci@rte

 

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Pablo Gerbolés. 16 de mayo 2016

En esta charla que abrió la semana de asociacionismo y voluntariado asoci@srte organizada por el ayuntamiento de Laguna de Duero y en la que colabora y participa la Asociación Vecinal La Calle, Pablo Gerbolés fue desgranando la realidad, los objetivos y las experiencias participativas de las asociaciones vecinales que mejoran la democracia en lo más cercano, nuestros barrios y municipios. Reclamó nuestro potencial para estimular y dar contenido a los artículos 23 y 9.2 de nuestra Constitución. hacemos política en el sentido más amplio no como opción de partido pero si mediante la participación en asuntos colectivos a través de nuestros representantes vecinales. Nuestra participación fortalece la cultura democrática a la que le queda aún un largo recorrido.Folleto asociarte

Hay que radicalizar la democracia entendiendo eso como ir la raíz de la misma para no quedarnos en el envoltorio. Cumplimos las asociaciones vecinales un papel en nuestras comunidades como son la de conseguir logros a través de la participación, innovar y defender intereses comunes. Canalizamos quejas y opiniones evitando colapsos. Nuestra participación a través de representantes en la Carta Magna, tiene igual consideración que la representación a través de cargos electos que salen de las urnas, pero nunca se ha tenido en cuenta. En una democracia todos los actores son necesarios y nuestras asociaciones también.

La democracia es participativa sino no es una democracia desarrollada. Los más expertos no son los técnicos o políticos de turno sino los que viven en el pueblo o barrio, porque conocen las realidades. Por tanto nuestra participación legitima a los poderes si la facilitan. Mejora la calidad de vida pues aportamos, ” les hacemos el trabajo de forma voluntaria sin técnicos a nuestro servicio y sin cobrar”.

La realidad de las asociaciones vecinales en nuestro tiempo es bien diferente”. A pesar de nuestro esfuerzo nos encontramos con un muro puesto por la clase política, donde se reduce la participación a una mayoría de votos y una participación verticalista. No está convencida nuestra clase política de nuestra aportación, desconfían del ciudadano, hay una ausencia de información real y además una participación vetada en los grandes proyectos. En múltiples ocasiones nuestros intentos son respondidos como denuncia de presión ilegítima. Su visión no va más allá de la rentabilidad política y tienen medios para persuadir de que el poder tiene la verdad. Consideran que el público es ignorante y que los gestores son los competentes, “la política es cosa de expertos” y nuestra labor vecinal constituye todo un desafío democrático que evita la manipulación. Pero eso exige mucho tiempo y poco beneficio. Se consiguen logros pero en largo plazo. Nuestros tiempos “no son las próximas elecciones ni las siguientes” y eso choca con los intereses de la clase política.

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CHARLA 16 de mayo

La labor del movimiento vecinal se desarrolla entre la desafección y la desilusión de la democracia de nuestro tiempo. A la par convive con una tendencia de fuerte incitación al consumo, la alarma ante lo extraño y la alienación de un ciudadano que si esta satisfecho no demanda. La labor de los medios de comunicación no nos favorece, pues en su mayoría esta reservada a otros, pues los que pagan deciden. En algunos casos incluso tratan de presentarnos como elementos desestabilizadores cuando chocamos con los intereses políticos del poder económico y político que paga facturas. No solemos tener muchos medios y a veces nos instalamos en la obsesión por la subvención que nos distrae y nos amansa. Nos perdemos en las reglamentaciones y los lamentos. Siempre esta presente el peligro del trampolín personal y el secuestro de nuestra agenda. tenemos déficit de directivas, nuestros miembros activos van decreciendo. No es necesario tantos socios sino que sean mas activos.Nuestro punto débil es la falta de rigor, el bajo activismo y al ausencia de formación. Nuestro debilitamiento de  imagen, la falta de publicitación de nuestra actividad y la propia represión interna nos impide ser más activos y perder miedos. El desconocimiento de nuevas tecnologías, la institucionalización y la falta de modelos de relaciones institucionales nos supone un freno.

Nuestro futuro pasa por reconquistar la democracia, realizar lo que planteamos con sus saltos adelante y atrás, aprender de otros y constituir plataformas. Si superamos la cultura de la queja, recuperamos la rebeldía, y alejamos la presencia ocasional abriremos el definitivo hueco en la participación que no debe ser por estar sino con un objetivo. Debemos reivindicar, y abrir los espacios públicos, mejorar la gestión interna y la conexión con la ciudadanía. Nuestra vinculación con el territorio, la confianza para reclamar, la capacidad para afrontar problemas, el voluntariado y la amplitud de la red vecinal en cada barrio y pueblo, son nuestros puntos fuertes.

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